sábado, 6 de marzo de 2010

Blood

El oscuro bosque estaba envuelto en un silencio sepulcral. Ese silencio me envolvía y oprimía mis pulmones, mis oídos. Sólo los animales podrían ser capaces de escuchar los levísimos pasos de la criatura diabólica que allí rondaba.

Desde mi escondite; el firme y rugoso tronco de un árbol, avisté los oscuros pliegues de una capa de piel. Se movía con un elegante ritmo, el pretencioso caminar de quien la llevaba encima.

Vi hacia el cielo, y la luna llena brillaba imponente. Le daba un tétrico toque de iluminación al bosque, y eso sólo hacía que se me pusiera la piel de gallina. Volví a dirigir mi mirada hacia aquella criatura, y pude entrever su rostro.

Su presencia desde el principio me había resultado extraña, como si no fuera de este mundo, pero al ver su rostro estaba convencida de que no lo era. ¿Cómo podía tener un humano aquella palidez en su piel? También me había dado cuenta de que tenía aspecto de hombre.

De repente, una corriente de viento helada azotó mis cabellos y la criatura se detuvo en seco. Mi respiración se quedó atrapada en mi garganta y me escondí más tras aquel árbol. Escuché silencio por un momento y mi corazón empezó a regular su ritmo, pensando que aquella criatura se había marchado.

Justo cuando me incorporé, una mano me agarró suavemente del cuello y otra me empujó contra el árbol. Solté un grito muy fuerte, que seguramente se escuchó en varios metros a la redonda. Miré hacia arriba y me topé con un par de ojos de un oscuro tono bermellón.

Las palabras no me salían, quería hablar pero sólo alcanzaba a mover los labios. Era tal la impresión que me había causado el rostro de aquel extraño, que no podía pensar racionalmente.

-No te preocupes mio caro, te acostumbrarás a esta sensación…- pronunció, con una voz profunda y atrayente-. Después de todo tu eres mía…y no te haría mucho daño…-

Cuando escuché su voz, algo me dijo que este atractivo y misterioso extraño era aquella criatura que había visto momentos atrás. Sentí que se acercó a mi cuello y que lo olió, lo besó y luego musitó en mi oído:

-De ahora en adelante, estarás conmigo para siempre, ¡serás mía…!-

Lo último que sentí antes de caer desmayada en los brazos de aquella criatura humanoide, fueron un par de colmillos enterrándose en mi cuello.
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Seguramente piensan que ruleo 8D
Amé como quedó, pero igualmente siempre amo lo que escribo.

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